Un estudio que siguió a 18.000 personas durante dos décadas concluye que el consumo moderado de vino, combinado con una alta adherencia a la dieta mediterránea, ofrece una protección significativa frente a la muerte por cualquier causa.
El consumo moderado de vino dentro de una dieta mediterránea de calidad reduce la mortalidad hasta un 33%. Así lo demuestra una investigación liderada por el Instituto de Nutrición y Salud de la Universidad de Navarra y el Hospital Clínic de Barcelona, publicada en la revista European Heart Journal, que ha evaluado durante 20 años a 18.000 personas.
La clave está en el contexto dietético
El estudio combinó los datos de dos grandes cohortes españolas: el ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) y el estudio SUN (Seguimiento Universidad de Navarra). El objetivo era determinar si existía una relación entre el seguimiento de la dieta mediterránea —con y sin vino— y la aparición de eventos cardiovasculares mayores, como infarto o ictus, así como la mortalidad por cualquier causa.
Los resultados son reveladores. Quienes seguían la dieta mediterránea sin incluir vino ya lograban una reducción del 23% en la mortalidad. Sin embargo, cuando se añadía un consumo moderado de vino —al menos siete copas semanales, sin superar las tres diarias— esa cifra ascendía hasta el 33%, con una menor incidencia adicional de eventos cardiovasculares.
El umbral importa: cuando el consumo igualaba o superaba las tres copas diarias, el beneficio desaparecía por completo.
Solo funciona en combinación
El doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y primer autor del estudio, subraya que los resultados son contexto-dependientes: «La relación favorable entre vino, salud cardiovascular y mortalidad solo aparece en el marco de una dieta mediterránea bien seguida y con consumo bajo-moderado».
El investigador también advierte contra interpretaciones simplistas: «Nuestros datos no son una invitación genérica a beber, sino una validación del patrón alimentario tradicional mediterráneo. El vino tinto no actúa solo; sus beneficios parecen condicionarse a la presencia de otros componentes antiinflamatorios, como el aceite de oliva virgen extra, las legumbres, las frutas, las verduras y los frutos secos».
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El mayor ensayo mundial sobre alcohol y salud
Para reforzar estas conclusiones con evidencia experimental, la Universidad de Navarra puso en marcha hace casi dos años el proyecto UNATI (University of Navarra Alumni Trialists Initiative), el mayor ensayo clínico sobre consumo de alcohol y salud realizado hasta la fecha en el mundo.
Desarrollado junto a más de 500 médicos de toda España, el estudio ya cuenta con 7.000 voluntarios de entre 50 y 75 años y prevé alcanzar los 10.000. Su objetivo es comparar el consumo moderado de alcohol frente a la abstención, para determinar si los efectos protectores observados se deben al alcohol en sí o a otros hábitos saludables del estilo de vida mediterráneo. El ensayo también analiza el riesgo cardiovascular y el riesgo de cáncer.
Los resultados de UNATI, cuando estén disponibles, aportarán la evidencia más sólida hasta la fecha sobre uno de los debates más persistentes en nutrición y salud pública.











